Uno de los aspectos más inquietantes de las fotografías de los médicos puertorriqueños en Haití (y lo que de seguro ha impresionado tan negativamente a los que las han visto) es el hecho de que existe una discrepancia muy grande entre su misión humanitaria y el género al que estas fotos parecerían pertenecer. A mi modo de ver, muchas de las fotos pertenecen al género turístico, de viaje, donde usualmente el que posa lo hace para que quede un testimonio de su presencia en determinado lugar. Son las fotos usuales de los viajeros frente a monumentos, estatuas, puentes, edificios, paisajes reconocibles. Se hacen para retener el recuerdo del viaje, su goce, y para mostrar a familiares o amigos. Es un género extendido en el mundo y todo el que tiene una cámara conoce bien este tipo de fotografía.
En cambio, las fotos que podríamos llamar de desastres o eventos significativos, muchas de tipo periodístico, tienen como finalidad representar el dolor humano en una región para así despertar en los espectadores de las mismas la urgencia de ayuda, la compasión o la documentación de una situación particular. Son las fotografías que usualmente toman los reporteros, o las personas que trabajan en el lugar y tienen un conocimiento directo de la situación. Puede ser también el trabajo de fotógrafos profesionales especializados en este tipo de ambientes. Lo que caracteriza a estas fotos es su eventual transmisión pública, generalizada, ya sea en exposiciones o a través de los medios de comunicación.
A mí me parece que la indignación que han suscitado estas fotos procede en parte debido a esta confusión entre géneros. Los médicos no supieron darse cuenta de que muchas de las fotos que ellos tomaron pertenecen al género del turista en un viaje, aunque se arguya que fueron concebidas con propósito documental. El problema surge cuando se cruzan la sonrisa del médico en la sala de operaciones (turista) con la misión humanitaria que va a cumplir (documentación y publicidad futura). Aquí se presenta otro problema: no saber distinguir el tipo de fotos que pueden formar parte de un álbum sobre el trabajo efectuado en Haití. Si nos concentramos meramente en la cuestión del género fotográfico, estos médicos lo que demuestran es una falta de competencia en cuanto a qué tipo de fotos pueden ser parte de un álbum que va a ser expuesto públicamente como testimonio de su misión humanitaria en Haití. No saben construir un álbum de acuerdo a los requisitos y limitaciones que éste impone. No discriminaron y, al hacerlo, dejaron al descubierto una falta de ética.
Existe otro problema que los mismos médicos parecen no reconocer (al menos cuando alguno de ellos le echa la culpa a la periodista que dio a conocer las fotos, sin asumir entera responsabilidad). El hecho de que hayan posado sonrientes frente a cuerpos mutilados, que tomen fotos en las salas de operaciones mirando directamente a la cámara (no continuando su labor de cirugía), que hayan hecho fotos de cuerpos semidesnudos o desnudos de los pacientes, todo ello parece indicar un nivel de insensibilidad que sobrepasa las expectativas de muchos espectadores. Sobre todo dada la magnitud de la tragedia haitiana y lo que se espera de una delegación auspiciada por el pueblo de Puerto Rico.
Y es que las fotos no pueden verse desligadas de la perspectiva de los medios de comunicación y las maneras en que se expone al mundo un desastre de esta magnitud. Por ejemplo, durante una entrevista de la cadena NBC, uno de los cirujanos de Estados Unidos comenzó a llorar debido al número tan grande de amputaciones que había hecho. En ese mismo reportaje se presentó a unos médicos informándole a una familia haitiana que a su niña había que amputarle la pierna y las cámaras mostraron la devastación de la madre y el sufrimiento de la niña al enterarse. Esta ha sido la manera en que nos han llegado muchas de las noticias desde Haití, y con razón. Frente a este tipo de reportaje, las fotos de los médicos boricuas se presentan de forma parecida a la noticia tan indignante de los barcos turísticos que todavía anclaban en las playas haitianas para disfrutar de ellas mientras Haití sufría los primeros días de su devastación. El barco le imponía a algunos turistas la posición del espectador ante el desastre, una posición incómoda porque esta visita no les permitía ayudar (los ponía en un contexto del disfrute turístico al lado del desastre y el sufrimiento). Las fotos de los médicos serían el opuesto de este espectador: unos profesionales ofreciendo ayuda humanitaria que intervienen positivamente en un desastre pero que a la vez gozan como turistas y se muestran insensibles ante el dolor de los pacientes a los que ayudan.
El problema de la falta de sensibilidad frente al cuerpo del otro podría explicarse de muchas maneras. Algunos comentan que las representaciones del cuerpo maltrecho son tan abundantes en la cultura contemporánea que nos han quitado la posibilidad de sobrecogernos ante el cadáver o el enfermo. El tema de la prensa sensacionalista, su obscenidad y morbo (especialmente cuando se trata de aquellos que han perdido la vida), podría ser otro asunto a elaborarse junto a lo que ha pasado con las fotos en Haití. Otros comentan que los médicos adquieren una capacidad de distanciarse frente al paciente que les ayuda a soportar el dolor humano con el que son confrontados a diario, ese dolor tan grande que afectó al cirujano entrevistado por la NBC. Otros lo achacan más problemáticamente a la cultura de la joda en el país. Sea cual sea la respuesta, lo que sí se puede decir es que los médicos se valieron de las cámaras y asumieron una perspectiva errónea con respecto al contexto donde estaban. No es que sean unos despiadados ni malvados. Es que no supieron ser discretos y prudentes con la cámara. No lograron reprimir cierta psicología del viaje en grupo. Fallaron en asumir a cabalidad el punto de vista del otro, protegiendo así la dignidad del paciente y la suya propia. Digamos que no asumieron el lugar del otro con mayor profundidad ética, puesto que ir a Haití es en sí una expresión de la preocupación por el bienestar del otro. Algo los impulsó a dejarse llevar por las condiciones del viaje y la posesión de un instrumento (la cámara) el cual puede transformarse fácilmente en un arma.




